Sitios a los que no volveré

Los domingos tienen esa luz distinta que  hacen creer que los días son constituidos en forma distinta. Pero no, esta luz, esta brisa y estas nubes pueden ser de un día cualquiera.

Lo extraño es que este día, me abrazo entre mis sábanas para contar nuestra historia. Mi marido esta fuera en viaje de negocios, y mis hijos en casa de otros. Será que la inspiración me llega desde un lugar del recuerdo. Siento como si fuera un domingo de soltera, como los de mi pisito en Madrid.

Los noticieros ya lo han dicho, “hemos perdido un gran observador del mundo”. Tu Mirada curiosa y justiciera nos abandona, y solo queda ahora tu pasado. Y ahí es donde quiero entrar, tarde, si, bastante, esto nunca será un instante de tu presente. Ya no.

Pero aun así, y quizás por ello tengo necesidad de entrar en ese pasado, de poner sobre líneas lo que te conocí, lo que te viví, lo que te quise.

Todo surgió en aquella tiendecita de discos donde por primera vez hablamos. Mi cabecita racional, y mi Corazón roto prefería tu Mirada, y tu hombro. No se donde me enamoré, por que lo negué toda mi vida. Pero tengo bien claro los recuerdos de Madrid, de nuestros días sin comida, de ser solo nosotros y nuestras ideas. Literalmente, de nuestras ganas de cambiar el mundo, los tiempos y de llevar las sonrisas a los niños.

Quizás saber que nunca te enamorarías de mi, me privó de entregarme, de no hacerme daño. Y aun así el dolor lo tengo hoy, y no lo puedo compartir. Quizás por eso, estas líneas de despedida. Quizás por esto el sinceramiento, para que estés donde estés, los sepas desde mí.

Retomo, no se dónde me enamore de ti. En que momento, te quise sólo para mi. En alguno de nuestros viajes, de nuestros textos, de nuestras ideas. En algún punto de nuestra historia, del cruce de nuestras coordenadas, quise más de ti. Y poco a poco, me alejé. En el pretexto de lo seguro, del sistema, de mi carrera, me alejé. No quise ver el momento en que no te enamorarías de mi y del que te tendría que compartir.

Y comenzó allí tu vida pública. Y como un fantasma te admiré y te observé desde la distancia. Seguí tus viajes y tus obras, y te tuve envidia, celos y mucho amor. Se que te has enamorado, que al final te has dejado de compartir para entregarte, y por lo feliz que me hace por un lado, en mi costado más mezquino me genera una gran pena. No he sido yo quien te ha cautivado, no he sido yo quien te ha inspirado. Y hoy mi carta llega tarde, fuera de tu presente, como cuando yo veía tus fotos fuera de tu espacio.

Es hora de que deje ir, de que nuestros recuerdos queden entre nosotros…  (por que soy muy cobarde para publicarlos)

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